QUERIDOS ALUMNOS, dado el carácter virtual del trabajo y por la libertad que nos permite esta plataforma, pueden publicar sus síntesis hasta el DOMINGO 3 DE JUNIO.
Un abrazo en Jesús, Hno. Jorge
Thursday, May 31, 2007
Sunday, May 06, 2007
MAESTRO ECKHART
EL MAESTRO ECKHART:LIBERTAD INTERIOR Y LA NO-VIOLENCIA
Brian J. Pierce
Aunque la fecha exacta no se sabe, el Maestro Eckhart nació más o menos en el año 1260. Estamos hablando de entre cuarenta y cinco años después de fundada la Orden de Predicadores a la cual perteneció. Probablemente se llamaba Juan, pero ni de eso están completamente seguros, porque ya como figura pública, se conocía como el Maestro Eckhart y con ese nombre se ha quedado en la historia. Nació en Alemania, en un pueblo llamado Hochheim. Ya a los veinte años hay muestras de que estaba en la Orden estudiando. Es muy probable que haya hecho una parte de sus estudios en el studium generale de Colonia donde, sin duda, fue influenciado por el pensamiento de otro gran maestro, Alberto Magno, que murió allí el 15 de noviembre de 1280. El ilustre teólogo Tomás de Aquino, otro discípulo de Alberto Magno, también aportó mucho al rico ambiente teológico y contemplativo que respiraba el joven Eckhart en sus propios años de formación como fraile dominico.
Ya para el año 1300, a los cuarenta años, se sabe que Eckhart era prior del convento de Erfurt en Turingia, y dos años después, en 1302, recibió el título honorífico de Maestro en Sagrada Teología. En esos años, los primeros como prior en Erfurt, dio unas charlas informales, tipo tertulia, conocidas como “Las Instrucciones”, es la primera colección de sus escritos que se conserva. Sirvió un tiempo también como provincial, y después, como ha ocurrido con otros grandes místicos, terminó su vida en-vuelto en una batalla teológica sobre ciertos aspectos de sus escritos espirituales.
Dos años después de su muerte, y como resultado de las tensas polémicas entre los dominicos y franciscanos de la época, quince artículos de sus escritos fueron condenados. No obstante, como en el caso de Tomás de Aquino y otros, los escritos de Eckhart han superado varios siglos de investigación escrupulosa y están saliendo a la luz del día, considerados ahora como aporte sumamente fundamental en la teología mística alemana medieval. La Orden de Predicadores, en su Capítulo General de 1980, inició un proceso oficial para estudiar y evaluar de nuevo los escritos de Eckhart, dando atención especial a los artículos que fueron condenados en 1329. No sería demasiado sorprendente que el Maestro Eckhart algún día fuera declarado santo de la Iglesia. Así pasa con muchos grandes apóstoles de la fe: pasan por su noche oscura eclesiástica para terminar siendo luces brillantes para muchas generaciones posteriores.
1.- La Chispa Divina
Para Eckhart, el ser humano es más que una criatura de Dios. Es un portador de lo divino, es alguien que lleva por dentro la presencia de Dios. Hay un texto de San Pablo que resalta esta misma idea: “Ahora bien, Dios, que dijo ‘brille la luz en medio de las tinieblas’, es el que se hizo luz en nuestros corazones para que en nosotros se irradie la gloria de Dios, como brilla en el rostro de Cristo. Con todo, llevamos este tesoro en vasos de barro, para que todos reconozcan la fuerza soberana de Dios y no parezca como cosa nuestra” (2 Co 4, 6-7). Hay dos puntos claves en este texto: primero, Dios se hizo luz en nuestros corazones. Hay un reconocimiento aquí de una presencia divina en el corazón humano. Y acompañando este primer punto va una imagen muy rica de San Pablo: el tesoro lo llevamos en un vaso de barro. Llevamos el tesoro de la luz divina envuelto en nuestra humanidad. La mayoría de nosotros se siente más vaso de barro que portador de lo divino, pero lo maravilloso es que somos las dos cosas. El regalo de la vida de Dios lo llevamos en la fragilidad de nuestra humanidad. El tesoro del Verbo se hizo carne y sigue encarnándose hoy en el corazón humano.
Eckhart, empleando una de sus imágenes favoritas, y partiendo del simbolismo bíblico de la luz, llama a ese tesoro una chispa, una pequeña luz, un pedacito de la divinidad de Dios. Dice Eckhart: “Hay en el alma un poder que en sí mismo es libre, una pequeña chispa... libre de todo nombre y vacía de todas las formas... Ahí, Dios florece eternamente, y es siempre verde en su divinidad” (8: 76). Y en otra parte añade: “Hay un poder en el alma que se une con Dios: es la chispa” (32a: 237-8). La palabra alma para Eckhart se refiere a esa dimensión del ser humano destinada a vivir siempre (en el “Eterno Ahora”) en comunión con Dios. Hoy podríamos llamar a esa dimensión usando distintos nombres también: el centro de nuestro ser, el corazón, el espíritu, etc. La chispa es la presencia de Dios que habita en el alma.
Esta chispa es lo que se ha llamado tradicionalmente en el pensamiento judeo-cristiano la Imagen de Dios (Imago Dei). Podríamos llamarla también la presencia del Espíritu Santo, ese soplo del aliento de Dios que recibimos al ser creados (Gn 2, 7). Esta chispa divina se hace presente desde nuestra concepción como ser humano; es sembrada en la tierra de nuestra humanidad como la pequeña semilla de mostaza (Mt 13, 31), y mezclada en nuestra masa humana como la levadura (13, 33). Es muy importante para la teología mística de Eckhart y otros/as recordar que la chispa divina es parte íntegra de nuestro ser. No es algo añadido o ganado. Como partícipes de la obra creadora de Dios, somos también, junto con todo ser viviente, la tierra por donde fluye la presencia real de Dios como un río. La gracia del bautismo cristiano destapa o despierta en nosotros la experiencia activa y consciente de una presencia latente.
Brian J. Pierce
Aunque la fecha exacta no se sabe, el Maestro Eckhart nació más o menos en el año 1260. Estamos hablando de entre cuarenta y cinco años después de fundada la Orden de Predicadores a la cual perteneció. Probablemente se llamaba Juan, pero ni de eso están completamente seguros, porque ya como figura pública, se conocía como el Maestro Eckhart y con ese nombre se ha quedado en la historia. Nació en Alemania, en un pueblo llamado Hochheim. Ya a los veinte años hay muestras de que estaba en la Orden estudiando. Es muy probable que haya hecho una parte de sus estudios en el studium generale de Colonia donde, sin duda, fue influenciado por el pensamiento de otro gran maestro, Alberto Magno, que murió allí el 15 de noviembre de 1280. El ilustre teólogo Tomás de Aquino, otro discípulo de Alberto Magno, también aportó mucho al rico ambiente teológico y contemplativo que respiraba el joven Eckhart en sus propios años de formación como fraile dominico.
Ya para el año 1300, a los cuarenta años, se sabe que Eckhart era prior del convento de Erfurt en Turingia, y dos años después, en 1302, recibió el título honorífico de Maestro en Sagrada Teología. En esos años, los primeros como prior en Erfurt, dio unas charlas informales, tipo tertulia, conocidas como “Las Instrucciones”, es la primera colección de sus escritos que se conserva. Sirvió un tiempo también como provincial, y después, como ha ocurrido con otros grandes místicos, terminó su vida en-vuelto en una batalla teológica sobre ciertos aspectos de sus escritos espirituales.
Dos años después de su muerte, y como resultado de las tensas polémicas entre los dominicos y franciscanos de la época, quince artículos de sus escritos fueron condenados. No obstante, como en el caso de Tomás de Aquino y otros, los escritos de Eckhart han superado varios siglos de investigación escrupulosa y están saliendo a la luz del día, considerados ahora como aporte sumamente fundamental en la teología mística alemana medieval. La Orden de Predicadores, en su Capítulo General de 1980, inició un proceso oficial para estudiar y evaluar de nuevo los escritos de Eckhart, dando atención especial a los artículos que fueron condenados en 1329. No sería demasiado sorprendente que el Maestro Eckhart algún día fuera declarado santo de la Iglesia. Así pasa con muchos grandes apóstoles de la fe: pasan por su noche oscura eclesiástica para terminar siendo luces brillantes para muchas generaciones posteriores.
1.- La Chispa Divina
Para Eckhart, el ser humano es más que una criatura de Dios. Es un portador de lo divino, es alguien que lleva por dentro la presencia de Dios. Hay un texto de San Pablo que resalta esta misma idea: “Ahora bien, Dios, que dijo ‘brille la luz en medio de las tinieblas’, es el que se hizo luz en nuestros corazones para que en nosotros se irradie la gloria de Dios, como brilla en el rostro de Cristo. Con todo, llevamos este tesoro en vasos de barro, para que todos reconozcan la fuerza soberana de Dios y no parezca como cosa nuestra” (2 Co 4, 6-7). Hay dos puntos claves en este texto: primero, Dios se hizo luz en nuestros corazones. Hay un reconocimiento aquí de una presencia divina en el corazón humano. Y acompañando este primer punto va una imagen muy rica de San Pablo: el tesoro lo llevamos en un vaso de barro. Llevamos el tesoro de la luz divina envuelto en nuestra humanidad. La mayoría de nosotros se siente más vaso de barro que portador de lo divino, pero lo maravilloso es que somos las dos cosas. El regalo de la vida de Dios lo llevamos en la fragilidad de nuestra humanidad. El tesoro del Verbo se hizo carne y sigue encarnándose hoy en el corazón humano.
Eckhart, empleando una de sus imágenes favoritas, y partiendo del simbolismo bíblico de la luz, llama a ese tesoro una chispa, una pequeña luz, un pedacito de la divinidad de Dios. Dice Eckhart: “Hay en el alma un poder que en sí mismo es libre, una pequeña chispa... libre de todo nombre y vacía de todas las formas... Ahí, Dios florece eternamente, y es siempre verde en su divinidad” (8: 76). Y en otra parte añade: “Hay un poder en el alma que se une con Dios: es la chispa” (32a: 237-8). La palabra alma para Eckhart se refiere a esa dimensión del ser humano destinada a vivir siempre (en el “Eterno Ahora”) en comunión con Dios. Hoy podríamos llamar a esa dimensión usando distintos nombres también: el centro de nuestro ser, el corazón, el espíritu, etc. La chispa es la presencia de Dios que habita en el alma.
Esta chispa es lo que se ha llamado tradicionalmente en el pensamiento judeo-cristiano la Imagen de Dios (Imago Dei). Podríamos llamarla también la presencia del Espíritu Santo, ese soplo del aliento de Dios que recibimos al ser creados (Gn 2, 7). Esta chispa divina se hace presente desde nuestra concepción como ser humano; es sembrada en la tierra de nuestra humanidad como la pequeña semilla de mostaza (Mt 13, 31), y mezclada en nuestra masa humana como la levadura (13, 33). Es muy importante para la teología mística de Eckhart y otros/as recordar que la chispa divina es parte íntegra de nuestro ser. No es algo añadido o ganado. Como partícipes de la obra creadora de Dios, somos también, junto con todo ser viviente, la tierra por donde fluye la presencia real de Dios como un río. La gracia del bautismo cristiano destapa o despierta en nosotros la experiencia activa y consciente de una presencia latente.
Tuesday, May 01, 2007
TRABAJO PRÁCTICO
Estimados alumnos, más abajo en la página pueden encontrar la síntesis acerca de las distintas visiones de persona humana que vimos en clase. Habíamos dicho que, dependiendo de la postura que adoptemos al respecto dependerán también las implicancias que tenga para nosotros el concepto de "dignidad humana".
Hay algunas que la relativizan al extremo: no es lo mismo decir que un ser humano es simplemente una estructura biológica cuya finalidad fundamental es nutrirse o satisfacer instintos, que decir que hay una diferencia sustancial entre el hombre y el resto de los seres: que el ser humano tiene una alma espiritual.
El trabajo práctico consiste en lo siguiente: haremos una especie de "web quest" que nos llevará por distintos "lugares" de la internet antes de arribar a una conclusión.
a. Buscar en internet una página web que represente alguna de las posturas presentes en la síntesis. Poner el link en el comentario y explicar por qué consideran que está presente esa postura elegida.
b. Vamos a conocer un poco más de Sócrates.Según él, ¿dónde reside el valor de la persona humana, y por qué?
c. Y desde la perspectiva cristiana, el Maestro Eckhart (que aparece arriba) nos puede decir algo. No es la postura clásica católica, sino que nos dice algo distinto. ¿Dónde estaría el valor de la persona humana para Eckhart?
d. Un último punto, sería la postura católica ante un problema específico: la clonación. ¿Cuál será la visión que aparece aquí?
El trabajo consiste en lo siguiente: postear en el blog, en la parte de comentarios, la síntesis del grupo acerca del tema, poniendo los datos que consideren necesario, y teniendo en cuenta qué es lo que agrega de distinto la postura cristiana. ¿Tiene vigencia hoy en día? ¿Sigue siendo una respuesta satisfactoria?
Hay algunas que la relativizan al extremo: no es lo mismo decir que un ser humano es simplemente una estructura biológica cuya finalidad fundamental es nutrirse o satisfacer instintos, que decir que hay una diferencia sustancial entre el hombre y el resto de los seres: que el ser humano tiene una alma espiritual.
El trabajo práctico consiste en lo siguiente: haremos una especie de "web quest" que nos llevará por distintos "lugares" de la internet antes de arribar a una conclusión.
a. Buscar en internet una página web que represente alguna de las posturas presentes en la síntesis. Poner el link en el comentario y explicar por qué consideran que está presente esa postura elegida.
b. Vamos a conocer un poco más de Sócrates.
El trabajo consiste en lo siguiente: postear en el blog, en la parte de comentarios, la síntesis del grupo acerca del tema, poniendo los datos que consideren necesario, y teniendo en cuenta qué es lo que agrega de distinto la postura cristiana. ¿Tiene vigencia hoy en día? ¿Sigue siendo una respuesta satisfactoria?
Visiones de Persona Humana
DISTINTAS POSTURAS ACERCA
DE LA PERSONA HUMANA
“La idea del hombre y la historia”, Max Scheler
Propone cinco imágenes o ideas de ser humano que se han sucedido a lo largo de la historia:
a. Judeocristiana
b. Homo Sapiens (clásica griega)
c. Homo Faber
d. Hombre Dionisíaco
e. Superhombre
a. Idea Judeocristiana:
Según Max Scheler, lo fundamental de esta imagen es el mito de la creación de una pareja originaria –en un estado paradisíaco- por parte de un dios personal; el pecado del hombre seducido por el ángel caído; la redención por parte de un dios- hombre y la consiguiente rehabilitación de la relación filial con Dios. Da particular preponderancia a la caída producto del pecado del hombre, con su correlativa carga de culpa.
Esta culpa de la caída habría originado en el hombre –incluso en aquellos que no tienen una fe dogmática- un sentimiento de “angustia de lo terrenal”, que lo atormenta por el decaimiento del ser humano; con sentimientos ambivalentes acerca del mundo material.
b. Homo Sapiens
La segunda imagen es propuesta por los griegos de la época clásica. Entre sus principales teóricos encontramos a Anaxágoras, Platón y Aristóteles.
Se refiere fundamentalmente al hombre como “homo sapiens”, afirmando que la frontera entre el hombre y el animal está dada por el uso de la razón
Esta racionalidad que distingue al hombre es mucho más que una facultad intelectual: se refiere a lo profundo de su espiritualidad.
Ese “agente específico” le permite conocer el ser tal como es en sí; para plasmar la naturaleza en obras llenas de sentido (logos) , para obrar bien respecto de sus semejantes; es decir, para vivir perfeccionando lo más posible ese agente específico, fundamento por el cual el hombre puede realizar la asimilación intelectual con el ser.
c. El Homo Faber, sin distinción esencial
respecto de los animales.
“Homo Faber” es la imagen que responde a las teorías positivista y naturalista, en la cual el hombre es un ser instintivo sin diferencia esencial con los animales; que está sujeto a las mismas leyes y fuerzas que éstos, solo que con consecuencias más complejas. El hombre no es más que un ser viviente especialmente desarrollado, especialmente de su “inteligencia técnica”.
Es: un animal de señales (idioma); animal de instrumentos; y un ser cerebral, que consume mucho más energía en el cerebro solo que el resto de los animales.
Entre el hombre y el animal no hay diferencias esenciales, sino solo un grado mayor de evolución de la inteligencia técnica, tendiente a satisfacer los mismos instintos que en los seres con menos desarrollos, solo que de manera más eficaz.
Los instintos primordiales son: los de REPRODUCCIÓN (instinto sexual, instinto de crianza, libido); de CRECIMIENTO y PODERÍO; y los que SIRVEN A LA INTUICIÓN.
d. Hombre dionisiaco
En la imagen dionisíaca del hombre, se le ve como un “desertor de la vida”, con la decadencia en su esencia misma y origen; como una vía muerta de la evolución, condenada a la extinción. Esto porque el hombre, debido a una gestación más corta de lo adecuado, nace desprovisto de los instintos y esquemas de conducta necesarios para defenderse en la vida, que son suplidos por el así llamado “espíritu”, con un conjunto de instrumentos materiales e inmateriales. Todo lo que se considera como “propiamente humano” no son más que rodeos para suplir aquello que en los animales ya está dado por los instintos naturales.
La visión dionisíaca y cristiana del hombre tienen un punto de acercamiento –según Scheler- en la “caída”. Para la concepción judeocristiana el hombre, de un estado original paradisíaco es arrojado a la vida terrenal, un homo ya existente que cae. Para la visión dionisíaca, el homo sapiens en sí mismo es caída y pecado.
e. El hombre entendido como “superhombre”
Lo principal en la 5º idea del hombre es lo que Scheler denomina “Ateísmo postulativo de la seriedad y de la responsabilidad”, que pretende que no puede ni debe existir un Dios para servir de escudo a la responsabilidad, a la libertad, a la misión; en suma, al sentido de la existencia humana. Sobre todo para exaltar la responsabilidad y la soberanía del hombre, que es capaz de decidir autónomamente lo bueno y lo malo. Solo en un mundo mecánico, o al menos no construido teleológicamente, tiene posibilidad de existencia un ser moral libre, una “persona”.
Basado en “LA IDEA DEL HOMBRE Y LA HISTORIA”, Max Scheler
Visión Mecanicista: La Mettrie
Para este autor, la diferencia entre el hombre y los animales es que “el hombre es al mono y a los más inteligente animales lo que el péndulo planetario de Huyghens es a un reloj de Julien le Roi”; es decir, el hombre es una máquina cumbre de la evolución natural, una máquina mucho más perfecta que cuantas se hayan visto. La naturaleza, en el hombre, emplea lo máximo de su arte. Para La Mettrie el hombre es la más perfecta de las máquinas de la naturaleza, fruto del artificio y habilidad de la evolución natural.
Critica a los que estudian al hombre como ser espiritual porque, siendo el hombre una complejísima máquina, los que importa es ocuparse de su mecánica; dejando el alma y todas las inquietudes que esa “quimera” procura a los tontos e ignorantes.
Existencialismo: Sartre
Según Sartre, el hombre se va construyendo con sus decisiones; como un proyecto que se vive subjetivamente, que se va desarrollando en la medida en que el hombre va eligiendo. Esto transforma al hombre en responsable por lo que es y por lo que va siendo. Empieza por ser nada, solo después es, y será como se haya hecho.
El hombre es su propio proyecto porque es lo que él mismo se va haciendo. El hombre es lo que haya proyectado ser, respondiendo a una elección original, más espontánea que lo que se llama voluntad, y que se va expresando en cada una de sus decisiones concretas.
El hombre es totalmente responsable porque todos sus actos son la concreción de su elección original, y en cada una de sus decisiones no solo se afecta a sí mismo sino a toda la humanidad. Es responsable de lo que es porque comienza siendo nada, no puede culpar a ningún ser superior por haberle asignado tal o cual destino: él mismo elige lo que quiere ser.
Esta elección produce angustia y los que no se angustian son de mala fe. La angustia proviene del sentirse total y completamente responsable, de saber que cada acción personal lleva aparejadas unas serie de consecuencias para toda la humanidad. Esto agravado porque nada ni nadie externo a nosotros mismos nos indica cómo debemos obrar.
El que no se angustia, o enmascara su angustia al actuar mal con el pretexto de que “no todos actúan así”, obra de mala fe, porque de otra manera no puede liberarse de su responsabilidad para con la humanidad.
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